De San Agustín al Molar

Sábado, 14/ Domingo 15, diciembre, 2019
Nivel 1+ (9 a.m.)

Nivel 1+ foto de la excursión

De San Agustin de Guadalix a El Molar, recorriendo la Dehesa de Moncalvillo y el Canal del Mesto

Datos técnicos

Salida : 9 a.m. desde Templo de Debod, Monumento a los Caídos, calle Ferraz.
A las 9,15 a.m. en Plaza de Castilla.
Regreso : En torno a las 17,30 h terminará la excursión, parando 30 minutos a tomar algo.
Precio : 20€ (Socios : 18€)
Desayuno : No hay parada para desayunar.
Distancia : 14 km
Desnivel de subida : 210 m (450 m acumulado).
Desnivel de bajada : 140 m (300 m acumulado).

DESCRIPCIÓN DE LA EXCURSIÓN:

Marco Geográfico
La ruta se desarrolla por los términos municipales de San Agustín de Guadalix y El Molar, en la provincia de Madrid. Con este itinerario recorreremos dos singulares enclaves de la provincia de Madrid : la Dehesa de Moncalvillo y el cañón creado por el río Guadalix, a lo largo del cual discurre el Canal del Mesto.
Descripción del itinerario.
Comenzaremos la ruta en San Agustin de Guadalix, por una buena pista, que tras cruzar el arroyo del Caño, nos llevará en dirección norte hacia el singular Acueducto del Canal de Isabel II, llamado de la Retuerta. Tras sortearlo por debajo, seguiremos un senderillo hacia un torreón del Canal, y entraremos en una de las maravillas de la ruta, la Dehesa de Moncalvillo, un lugar con mucha magia. Tras seguir el curso alto del arroyo de Navalperal, llegaremos ante la Almenara de los Castillejos ; desde aquí, por un pequeño sendero, vamos a bajar al Cañón del río Guadalix, y tras cruzarlo por un puente, alcanzaremos el Canal del Mesto. Seguiremos el canal en dirección norte hasta el paraje de La Mata, donde giraremos en dirección este, para llegar a El Molar, donde nos recogerá el autocar.
Valores culturales
La Dehesa de Moncalvillo, con una extensión de 1.350 hectáreas, es una zona de alto valor ecológico dedicada a la explotación ganadera donde, junto a los majales, se desarrollan extensas formaciones de encinas, enebros, cornicabras y quejigos. Situada en los aledaños de San Agustín de Guadalix, en verano se ve inundada con caballos y vacas que descienden a la rastrojera para pastar plácidamente.
Cuentan las crónicas que corría el año 1459 cuando la familia de los Mendoza, a la sazón señores de gran cantidad de fincas aposentadas a lo largo del actual territorio serrano madrileño, cedieron estas dehesas a las municipalidades de Pedrezuela y San Agustín de Guadalix. Lo hicieron con la única condición de que jamás fuesen divididas o vendidas. Caso omiso hicieron los vecinos de Pedrezuela, que se adueñaron cada uno de una parte proporcional de su porción. En cambio, los habitantes de San Agustín de Guadalix, fieles a su palabra, la mantuvieron y mantienen hasta la fecha. Ha sido, pues, más que remarcable el papel histórico jugado por esta villa en la conservación de tan primordial enclave, hoy felizmente declarado reserva de la biosfera.
Unas 800 cabezas de ganado pacen en este rincón privilegiado como clara muestra de que la cultura campesina todavía resiste en esta villa, a pesar de que poco a poco sus arrabales se van poblando de bloques de cemento y filas de chalés adosados. En la época estival, numerosos caballos asilvestrados descienden desde los montes de las inmediaciones para alimentarse con los pastos que crecen en estos amplios prados salpicados de encinas.
No podemos olvidar el Canal del Mesto, uno de las obras hidráulicas que construyó en 1859 el Canal de Isabel II para llevar el agua a la villa de Madrid. A destacar el Azud del Mesto, en paraje singular.
Dificultad de la ruta
Pequeña, sin que deje de ser una marcha de montaña.
Equipo recomendado
Chaqueta impermeable, forro polar, botas de montaña, mochila con agua (1 litro mínimo), comida, botiquín personal, etc.
Es recomendable llevar un pequeño bolso de mano con ropa de repuesto que se deja en el maletero del autocar. Al regresar puede uno cambiarse, si por la razón que fuera se hubiese uno mojado (o no).
Por otra parte, y con el fin de no ensuciar el autocar, se ruega se lleve calzado de respuesto que se dejará en el maletero, quitándose las botas antes de subir al autobús.
Por razones de seguridad, es imprescindible transportar los bastones en el maletero del autocar.