La procesión del Corpus Christi en la época de los Austrias

Jueves, 11, Junio, 11h.

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Datos técnicos

Precio: 9? (Socios, 7?)
Grupo: 25 personas
Es necesario inscribirse
Inicio: 11 h,
Final: Por determinar.
Duración: de 2h a 2,30h.
Guía: Francisco Juez

DESCRIPCIÓN DEL PASEO:

La fiesta del Corpus Christi nacida en el siglo XIII para conmemorar el sacramento de la eucaristía y reforzar la idea de pertenencia al cuerpo místico de la Iglesia se convirtió con la Contrarreforma en una de las celebraciones más importantes para la cristiandad católica, pues marcaba diferencias teológicas y de culto sustanciales con el protestantismo. El Concilio de Trento insistió en que esta festividad debía celebrarse con grandes procesiones de fe, danzas y representaciones de autos que permitiesen divulgar la interpretación doctrinal de este sacramento.
Las procesiones generales del Corpus, en las que participaban todas las instituciones civiles y eclesiásticas urbanas, proyectaban la imagen ideal de la sociedad como un conjunto armonioso y unitario en torno al sacramento del cuerpo de Cristo.
En el siglo XVII, los monarcas españoles empezaron a participar personalmente en la procesión de Corpus, que aparece consignada en las etiquetas reales y se incluye en los croquis protocolarios dibujados por grefieres y maestros de obras. La procesión venía precedida por la imagen del pecado que encarnaba la tarasca, un gran bicho en forma de dragón o serpiente montado sobre un carro y confeccionado con madera, pasta de papel y tela, sobre el que había músicos, gigantonas, enanos, monos y otras variadas figuras. Le seguían grupos de gigantes y una serie de danzas representadas (con escenas bíblicas, mitológicas e históricas), danzas tradicionales (de espadas, moros y cristianos, de lazos y enramadas, folías portuguesas, de zapateados, cascabeles, escarnio, paloteado...), danzas de música interpretando breves conciertos, y danzas más exóticas (de negros, de indios, de turcos). Esta parte se cerraba con los carros en los marchaban los comediantes que representaban los autos sacramentales. Después unos trompetas y atabaleros daban paso al componente religioso del cortejo que seguía este orden: un grupo de niños huérfanos, los pendones y cruces de las cofradías y parroquias, con una representación de las órdenes religiosas y los hospitales (trinitarios descalzos, capuchinos, mínimos, mercedarios, trinitarios calzados, carmelitas, agustinos, franciscanos, dominicos) hasta llegar a cruz de la capilla real, que venía compañada por sus cantores, ministriles y curas beneficiados. La parte principal de la procesión la ocupaba la custodia del Santísimo Sacramento que iba precedida por doce pajes y en hombros de distintos prelados junto con los capellanes del rey. A ambos lados, se colocaban los miembros de los consejos. Inmediatamente detrás marchaban los mayordomos y grandes, y el monarca con los miembros de su familia por delante de los embajadores residentes en la corte escoltados en semicírculo por la guardia de los archeros de corps.
La procesión marchaba con lentitud recorriendo en Madrid un circuito que abarcaba las plazas de Palacio, San Salvador (plaza de la Villa), las Descalzas, Puerta de Guadalajara, Plaza Mayor (desde 1618), la de Santiago y la de Santa María, hasta retornar de nuevo a la capilla real. La celebración se prolongaba por espacio de largo tiempo, porque la procesión se detenía para la representación de los autos a lo humano y a lo divino que se ofrecían a su paso en distintos puntos.